Publicado en 01 de junio de 2016

Por Javiera Müller Blanco, coordinadora de Educación y Comunidad, Museo Histórico Nacional.

Relatar el siglo XX en Chile es un desafío titánico en el que se han embarcado diversos investigadores e intelectuales, desde géneros como la historia, el ensayo, la poesía y la música. Los museos no están exentos de dicho desafío y el Museo Histórico Nacional lo ha asumido desde sus orígenes, pues se fundó en 1911, a un año del centenario de la República, con el objetivo de contar la historia de Chile y preservar los objetos que dan cuenta de ella.

Entre sus múltiples salas, cuatro están destinadas a relatar la sociedad de principios del siglo XX hasta el quiebre de la democracia en 1973, mediante diversos objetos, documentos y proyecciones, trabajo que es recogido también por el Departamento Educativo, que ofrece visitas guiadas a visitantes y a grupos de escolares.

Un elemento común en todas estas salas dedicadas es el uso de fotografía, ejemplo de una nueva tecnología, pero también una forma de dejar registro y, por tanto, de hacer historia.

La fotografía no es solo un recurso para capturar un momento, cuyo uso se democratizó a lo largo del siglo y permitió que la vida privada de las personas comenzara a registrarse, rompiendo el monopolio de la pintura.

Es también un ejemplo del avance técnico que tendrá todo el siglo XX, pues su evolución de gran formato a pequeñas cámaras portátiles, de celulares y dispositivos electrónicos, evidencia las transformaciones tecnológicas del siglo. De ahí que no sea extraño que uno de los objetos que se reitera en todas las salas sean cámaras fotográficas, de video y proyección multimedia.

La tecnología también permea los espacios económicos, reflejo de la Revolución Industrial y que en Chile se ejemplifica claramente con el desarrollo minero del salitre a fines del siglo XIX y posteriormente el auge de las empresas estatales a partir de los años 30' del siglo XX.

Al ingresar a la sala "Sociedad de principios del siglo XX", los objetos que destacan en su centro son los relacionados con el salitre. La dimensión del trabajo obrero, del pampino y la salitrera se ve reflejada en el calzado de trabajo dela oficina Concepción, así como en el bolso obrero de la oficina La Noria. Ambos objetos dan cuenta de las más de 100 oficinas salitreras que llegaron a albergar a casi 47.000 trabajadores entre 1910 y 1914.

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La diversidad del trabajo y formas de vida, así como el número de habitantes de las salitreras, dependían del emplazamiento de éstas, la compañía a la que pertenecían y el tipo de trabajo que desarrollaban, todas ellas vinculadas con la extracción del mineral, proceso que es explicado con las muestras de caliche.

De igual modo, las oficinas salitreras se transformaron en verdaderas ciudades, adoptando estructuras urbanísticas y entregando algunos servicios. También en su interior se desarrolló una importante vida artística en los diversos teatros y orquestas.

La forma de abastecimiento de estos centros fueron las pulperías, administradas por la compañía a cargo de la oficina, lo que finalmente propició el sistema de fichas salitreras, moneda de pago para los empleados, que solo podían ser utilizadas en la misma oficina.

De esta manera, la posibilidad de ahorro y también de gasto en otros lugares no era posible, obligando al trabajador a gastar solo en el lugar en que vivía e impidiendo su circulación libre por otras oficinas. Dichas fichas son un importante registro que se exhiben en el museo, donde se pueden observar diversos tipos de formato, dimensiones e iconografía.

La riqueza del salitre permitió un importante desarrollo de obras públicas a lo largo de varios años de inversión, lo que se evidencia en la expansión del ferrocarril -por el territorio nacional- y también en el desarrollo de carreteras.

Esas riquezas, concentradas mayoritariamente en la elite, se ven reflejadas, además, en la celebración del centenario de la República. En esa oportunidad, se realizaron importantes construcciones, como la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes, entre otros.

Conviviendo con un progreso acelerado, una economía bullente y un incipiente proceso de industrialización, la realidad de gran parte de la población era la precariedad. El país contaba con altos índices de pobreza y mortalidad, particularmente en las ciudades, donde los trabajadores vivían en muy malas condiciones.

La Cuestión Social fue, entonces, debate en todos los escenarios y generó la unión de los trabajadores en sindicatos. Los movimientos sociales comenzaron a tener mayor relevancia a medida que los diversos grupos de la sociedad tomaban conciencia de esta situación proponiendo diversas medidas para remediarla.

El contraste social de principios de siglo es exhibido en el museo en una serie de registros fotográficos que dan cuenta de las huelgas, las condiciones de insalubridad en los conventillos, los movimientos sociales, así como las celebraciones del centenario. Un alhajado vestido de una mujer de la alta sociedad, de la colección de textil, evidencia aún más el contraste entre estos sectores sociales.

Clase media y crisis económica

El surgimiento de la clase media durante el siglo XX muestra los cambios sucedidos en la economía y en la sociedad. Este grupo integrado por empleados públicos y privados, militares, técnicos y profesionales, así como intelectuales y comerciantes, fue en aumento durante todo el siglo y se transformó en la gran clase dominante.

Voto Femenino
Voto Femenino
De ahí surgen los líderes de los cambios políticos y sociales del país. La participación de esta nueva clase fue fundamental en el primer cambio político de la década de 1920, con la llegada a la presidencia de Arturo Alessandri Palma (1920-1925) quien, apoyado por los sectores populares y la clase media, logró promulgar la Constitución de 1925.

Sucedido por el general Carlos Ibáñez del Campo -con un gobierno de carácter autoritario que estableció censura a la prensa y represión a la oposición y los movimientos sociales- el gobierno contó con una gran aprobación gracias a la bonanza económica.

El precio del salitre permitió la realización de un importante programa de obras públicas; sin embargo, luego de la crisis de 1929 y de un mal manejo económico en 1931, fue inminente la salida del Presidente.

Ambos personajes son representados en el museo a través de la investidura del cargo: se aprecian sus bandas presidenciales, además de algunos objetos personales. Destaca también la presencia del sillón presidencial, cuyo registro iconográfico se remonta a la época del Presidente Prieto. Junto a ese objeto, se encuentra uno de los más icónicos del museo, el perro Ulk, mascota de Alessandri.

La crisis económica afectó enormemente al país, en especial, a la economía salitrera cuyo precio decreció a tal punto que obligó al cierre de varias oficinas. El resto del país vivió la proliferación de la cesantía, hombres y mujeres en busca de trabajo hicieron que aumentara la migración del campo a la ciudad, precarizando aún más la situación de la vivienda urbana.

Desde la zona norte, miles de trabajadores pampinos retornaron a las ciudades, así como personas del campo vieron en la urbe posibilidades de mejorar sus condiciones. Las ollas comunes fueron una de las respuestas del gobierno ante esta situación, al mismo tiempo que se tomaban medidas para invertir en obras públicas y en la industria.

Los sectores medios y populares consagraron su unidad mediante la creación del Frente Popular, donde el Partido Radical tomó preponderancia.

La creación de la Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) fue un aspecto fundamental para el desarrollo de la economía nacional y de la industria, con empresas como Codelco, CAP, Enap y Endesa. Éstas permitieron el desarrollo económico.

Al mismo tiempo, potenciaron el posicionamiento del Estado en espacios donde había poca presencia, como, por ejemplo, en Tierra del Fuego, con los campamentos de extracción petrolera.

Objetos como las medallas conmemorativas de la Industria Azucarera o de la Compañía de Acero del Pacífico, junto a una barra de cobre Raff, dan cuenta de este posicionamiento del Estado a través de la industrialización.

Movimientos sociales y modernización

Afiche "Plan de vivienda social" de Camilo Mori
Afiche "Plan de vivienda social" de Camilo Mori
Las luchas por los derechos sociales y civiles caracterizaron también el siglo XX por medio de una política pública que implicó la inversión en instituciones sociales. Se originó el Estado de Bienestar, que se preocupó por invertir en vivienda social, construcción de escuelas, desarrollo educacional, protección laboral y previsión social, con lo que mejoró sustancialmente la calidad de vida de las personas, disminuyó la mortalidad infantil y aumentó la longevidad.

Al cabo de 30 años, esto significó el incremento de la población en el país. A estos beneficios, además, se sumaron las luchas políticas y de igualdad de género, batalla que contó con la participación política de las mujeres, mediante el derecho a voto en todas las elecciones.

Junto con los derechos sociales, el Estado impulsó una modernización del mundo agrícola por medio de una Reforma Agraria que buscaba redistribuir las tierras estatales entre los campesinos, proceso que abarcó los gobiernos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende.

Cada uno de ellos impulsó leyes asociadas a la modernización del agro. Este proceso contó con la participación activa del mundo campesino, el cual comenzó a sindicalizarse y tomar acción directa. En los últimos años de la reforma, la efervescencia política y social fue acompañada de una radicalización en el proceso, producto de un aumento en las expropiaciones y ocupaciones masivas, muchas de ellas con violencia y enfrentamiento entre las partes.

Los años 60 y 70 implicaron también un cambio cultural gracias al advenimiento y masificación de nuevas tecnologías, como la televisión, la incorporación de tendencias musicales que permitían la convivencia de los ritmos extranjeros con los nacionales; cambios en la moda y formas de comportamiento social.

La última sala del Museo Histórico Nacional da cuenta de las luchas sociales y políticas, así como del quiebre de la democracia en Chile, con el golpe de Estado de 1973. No es casual que dicha fractura violenta se exprese, en una proyección de La Moneda, exhibiéndose al edificio con su fachada tradicional intacta y luego del bombardeo, con su fachada destruida.

El último objeto es un fragmento de los anteojos del presidente Allende, reflejo del golpe de Estado y ruptura política del país que nos lleva a la pregunta que cierra el museo, una cita del poeta nacional y Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, "¿Por qué anduvimos tanto tiempo creciendo para separarnos?".

Referencias

  • Sofía Correa (et.al), Historia del siglo XX chileno, Santiago de Chile, Ed. Sudamericana 2001
  • Julio Pinto Vallejos y Gabriel Salazar, Historia Contemporánea de Chile, LOM ediciones, 1999-2002, vol. 4 y 5.
  • Enrique Fernández Darraz, Estado y sociedad en Chile, 1891-1931: el estado excluyente, la lógica estatal oligárquica y la formación de la sociedad, LOM, 2003.
  • Cristián Gazmuri, Historia de la vida privada en Chile, Aguilar, 2005.

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